La Tierra de la Luna

Archive for abril 2008

Cuando fuí a Lorca (Murcia) para pasar allí los dias festivos de Semana Santa, en unos de esos días donde eres invitado a casa de tus familiares, una tía de mi padre, a la que todos conocemos por Rosario, siempre nos demuestra su fascinación por la poesia y su extraordinaria capacidad de memoria en narrarnos (sin equivocarse ni una sola vez) muchos de los poemas que tanto le gusta a ella. Esta vez, nos recitó un poema de Miguel Hernandez, poeta y dramaturgo, nacido en Orihuela el 30 de octubre de 1910 y murió prisionero en la Guerra Civil, una mañana del 28 de Marzo de 1942, considerado de revelancia en la literatura española del siglo XX.

Así que aquí dejo un pequeño “homenaje” a este poeta, y sobretodo a nuestra tía Rosario, esa lorquina, que con orgullo y fervor nos narra el poema de…

Vientos del pueblo me llevan

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra:
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

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Los pilares de la tierra es una novela histórica del autor británico Ken Follett ambientada en Inglaterra en la Edad Media en el siglo XII durante un periodo de guerra conocido como la Anarquía inglesa, aunque también recrea un viaje de peregrinación a Santiago de Compostela a través de Francia y España. El autor sorprendió con esta novela no sólo a sus lectores, ávidos de thrillers, sino también a sus editores con su contenido y longitud (más de 1300 páginas). Fue publicada en 1989, y se convirtió en el mayor best-seller de Follett. Su secuela, llamada Mundo sin fin, salió a la venta en español el 28 de Diciembre de 2007.

Argumento

Esta historia se ambienta en época medieval, y se articula a través de personajes y línea narrativas independientes que posteriormente se entrelazan.

El argumento gira en torno a la construcción de una catedral románica en Kingsbridge (aunque existe una localidad real con ese nombre, situada en el suroeste de Inglaterra, cerca de Plymouth y Torbay, en la región de Devon, nada tiene que ver con la de la novela, que es ficticia), que posterirmente introduce el nuevo estilo gótico asimilando los hallazgos de la Iglesia de Saint-Denis (próxima a París), y a su alrededor recrea varias historias y personajes que van captando el foco de la atención.

Comienza con un ahorcamiento y una maldición, y salta unos años para contar la peripecia de la familia de Tom, constructor cuyo sueño es crear una catedral, pero que ha de luchar contra la pobreza, la falta de trabajo y dinero, y los problemas políticos que irrumpen en su existencia.

Por otro lado, el monje Philip, que logra el cargo de Prior de Kingsbridge, revolucionando el priorato y la población que de él depende con sus mejoras y su extrema bondad y fe en Dios.

A pesar de ser una época oscura para el sexo femenino, Ken Follett introduce su mirada del siglo XX, con retratos de mujeres independientes, emprendedoras, audaces y cultivadas, con relevancia social y respetadas por los hombres, rasgos que podrían considerarse anacronismos o por lo menos improbables. Así, Aliena, la hija de un conde, cae en desgracia cuando su padre es capturado tras un asalto a su castillo, pero se impone a los hombres que se interponen en su camino, del mismo modo que Ellen lucha por la justicia y defiende su criterio ante la iglesia católica o su propio marido.

Sus vidas y las de sus hijos, castillos y princesas, amores, venganzas, injusticias, y pasiones de ida y vuelta han entretenido y cautivado a miles de lectores hechizados por un relato épico y romántico.

Autor

Ken Follett, hijo de Martin y Veenie, nació en Cardiff, Gales y vivió allí hasta que su familia se trasladó a Londres cuando él tenía diez años. Al prohibirle sus padres, cristianos devotos, ir al cine y ver la televisión, desarrolló un temprano interés por la lectura, pero fue un estudiante muy normal hasta que llegó a la adolescencia. En 1967 ingresó en la University College of London, donde estudió filosofía y se implicó en movimientos de izquierdas. Se casó con su primera esposa, Mary, en 1968.

Tras su graduación, en el otoño de 1970, Follett se matriculó en un curso de periodismo de tres meses y consiguió trabajo como reportero en el South Wales Echo de Cardiff. Después de tres años en Cardiff, volvió a Londres como reportero para el Evening Standard. Al encontrar el trabajo poco gratificante, dejó el periodismo por la edición y se convirtió, al final de los años 70, en subdirector de gestión de Libros Everest. Follett empezó a escribir relatos, al principio como afición, por las tardes y los fines de semana. El éxito le vino con la publicación, en 1978, de La Isla de las Tormentas, que le hizo internacionalmente famoso. Cada una de las siguientes novelas de Follett también se han convertido en éxitos de ventas, y un gran número de ellas han sido adaptadas al cine.

Follett se involucró a finales de los años 70 en las actividades del Partido Laborista. En el curso de sus actividades políticas, conoció a Barbara Follett, una trabajadora del Partido Laborista, que en 1982 se convirtió en su segunda mujer. Barbara fue elegida miembro del Parlamento en 1997, representando a Stevenage, y fue reelegida en 2001. El propio Follett permanece como un prominente partidario de los Laboristas y recaudador de fondos.

Bibliografía

  • La gran Aguja
  • El Gran Negro
  • El Gran Hit
  • La Conmoción
  • The Bear Raid
  • Amok: Ley de Leyenda
  • El escándalo de Modigliani
  • La guarida misteriosa
  • Los Gemelos Poderosos
  • Papel Moneda
  • Capricornio Uno
  • La Isla de las Tormentas
  • El Atraco del siglo
  • Triple
  • La clave esta en Rebeca
  • El hombre de San Petersburgo
  • Las alas del águila
  • El valle de los Leones
  • Los Pilares de la Tierra
  • Noche sobre las Aguas
  • Los Gemelos Poderosos
  • Una Fortuna Peligrosa
  • Un lugar llamado libertad
  • El Tercer Gemelo
  • En la Boca del Dragón
  • Doble Juego
  • Alto riesgo
  • Vuelo Final
  • En el blanco
  • Un mundo sin fin


El sol se alzaba en el horizonte llegando así a un nuevo día, el viento del oeste soplaba con fuerza en los rostros de la tripulación. Rincewind escuchaba el sonido de las olas y como el viento movía con furia las velas del barco, más allá del sol, podía divisar con sus ojos, la ciudad de Nimbregoth.

– El viento nos he favorable, llegaremos antes de lo previsto ¿Preparaste el prisionero para el desembarco?
– Iba hacerlo ahora mi capitán – Le dijo Rincewind mirando el horizonte.
– Pues no pierdas mas el tiempo. Cuando desembarquemos lo mantendrás vigilado sin quitarle la vista de encima y lo llevaras donde yo te mande ¿Lo has entendido?
– Si, sin problemas capitán – se giro para marcharse – con su permiso voy a prepararlo.
– Ves y otra cosa Rincewind – dijo el capitán antes que se alejara- dile a Ithilien que venga a mi presencia
– Entendido

___________________________________________________

– ¿ Pero que haces? ¿Te has vuelto loca?
– Eso hace años que lo estoy- le contesto la elfa, lanzando la ropa y ayudando a Demiurgo a vestirse.
– Puedo solo ¿Lo sabias? – dijo malhumorado mientras intentaba meterse la manga de la camisa- ¡Arg, mierda de brazo!
– Si, ya veo como puedes solo, con la herida sin sanar aun. Date prisa debes vestirte con estas ropas, salir de aquí y con mucho cuidado integrarte en la tripulación cuando el barco desembarque
– Claro, muy fácil ¿Y luego que narices hago?

Ithilien saco de su bolsillo un mapa de la ciudad de Nimbregoth que Rincewind le había prestado, lo abrió y empezó a señalarle a Demiurgo una serie de instrucciones.

– Presta atención. Cuando la tripulación desembarque y una vez descargada las provisiones del barco, suelen reunirse en una posada, allí es donde se alojan, esta en el centro de la ciudad. Tu síguelos, cuando llegues, dirígete al posadero, dile que vas de parte de Rincewind, es bastante conocido según me dijo. Supongo que no tendrán problemas y te alojaran en una de las habitaciones, una vez allí, no salgas para nada hasta que te busquemos ¿lo entiendes?
– ¿Y tu?
– Yo me haré pasar por ti
– ¿Por mi? Acaso no puedes acompañarme o, ese amigo tuyo.
– No, él me llevara con el rostro tapado y atada, me pasare por ti y me llevaran ante ellos para juzgarme. Supongo que antes que pase todo eso habré escapado, tranquilo
– ¿Cómo estas tan segura de que todo saldrá a la perfección?
– No lo se. Tu eres listo, llegaras a la posada. A malas, Rincewind te ayudara a escapar y yo seré juzgada por ayudar a un prisionero. El daño que me causen, no será ni la mitad del sufrimiento de mi pueblo. Venga ponte la capa, vestido así pareces un autentico elfo, solo te falta las orejas – dijo riendo
– Que maja llegas a ser a veces. No le veo la gracia, odio los elfos- miro de reojo a Ithilien- algunos de ellos.
– Espero no estar incluida en los que no te gustan.

La puerta de la celda se abrió y entro Rincewind. Deprisa y corriendo volvió a cerrar la puerta.

– ¿Preparados?
– Si, Demiurgo ya esta preparado. Y yo con sus ropas, que me vienen algo…
– Pequeñas si, creo que tu estatura es un poco más superior que Demiurgo, pero puede pasar. En cambio él… – Rincewind se quedo mirando al chico
– Di una sola palabra y te tragas la ropa. Los elfos son muy altos, podrías haberme dado ropa tuya.
– No pasarías desapercibido entre los elfos, yo no me llevo sus mismos trajes. Basta de hablar, Ithilien venga.

Rincewind ato a la elfa con la cadena y le oculto el rostro. Abrió la puerta y arrastro a Ithilien al exterior.

– Sal dentro de unos minutos – le dijo Rincewind a Demiurgo – la puerta estará abierta, sigue el pasillo recto, no corras camina con normalidad, cuando este se acabe cruza a la derecha, allí estará la tripulación preparando las provisiones, entra y intenta parecerte a ellos en todos lo posible, luego haz las indicaciones que Ithilien te dijo. Me reuniré contigo en cuanto pueda.

A Demiurgo el corazón le latía con fuerza, el silencio era sepulcral y espero unos minutos con el miedo al ser descubierto. Abrió la puerta y mirando a ambos lados para asegurarme que no había nadie, salió de la celda con cautela. El pasillo era largo y estrecho, así que camino con pasos ligeros, cada vez que daba un paso le resultaba cada vez mas largo e inacabable. Empezó a respirar con fuerza, empezaba a cansarse. Escucho sonidos de voces y estruendo de pasos. El pasillo se acababa, cruzo a la derecha y allí ante sus ojos, se encontraba la tripulación liados con las provisiones. Agacho el rostro y adentrándose poco a poco llego al grupo, los observo y los imito cargando una caja, no demasiado pesada. Allí siguió al grupo, ocultando siempre su rostro con la caja que cargaba. Se escuchó gritos y una luz le cegó la vista durante unos segundos, desembarcando fuera del barco, habían llegado a Nimbregoth.


Cinco minutos pasaban de la medianoche todos dormían en sus respectivas habitaciones, se respiraba tranquilidad dentro del barco después de un día agitado y pesado para la tripulación. Rincewind se encontraba sentado ojeando unos mapas mientras escuchaba a lo lejos el sonido de unos relámpagos “Esta noche habrá tormenta, me espera una noche movidita”. Se asomo a la ventana de su camarote, empezaba a ver marea y el aire soplaba con intensidad. Se levanto y guardo el mapa en un armario que tenia a su derecha mientras abría el ultimo cajón de dicho armario. Extrajo un pergamino que guardo con extremo cuidado en su bolsillo y una llave cuya forma era una espada con dos dragones a los lados que se colgó al cuello. Entonces abrió la puerta y mirando a cada lado, asegurándose que todos seguían durmiendo, decidió dirigirse hacia la habitación de la elfa. Cruzo el pasillo y subió unas escaleras donde enseguida encontró la habitación. Después de golpear dos veces, Ithilien no tardo en abrir y le invito a pasar, mientras cerraba la puerta y Rincewind tomaba asiento.

– ¿Adivinaste algo? – le pregunto él poniéndose cómodo
– Se llama Demiurgo y es Nimbregoth. Recuerdo que dijiste que si era de allí estábamos perdidos ¿por qué?
– Eso es parte de la historia que debo contarte. Pero ponte cómoda es largo de explicar.
Ithilien se acomodo en una butaca cercana.
– Bien- dijo la elfa una vez sentada- soy todo oídos.
– Cuenta la leyenda- comenzó Rincewind- que un gran barco viajo hace años por los mares de Ephel, ese barco se llamaba Dalïe y estaba tripulado por diferentes razas del reino, ya sabes elfos, enanos, faunos, hombres… y así todos los que conoces. Se cuenta que su capitán, llamado Thaeron, un hombre valiente que provenía de las Tierras del Norte. Un día encontró en unos de sus viajes a tierras lejanas una llave y un pergamino. En ese pergamino, que era una especie de mapa antiguo, contenía una marca sencilla y explicita, al pie de dicho papel unas líneas grabadas en un idioma antiguo.
– ¿Qué era lo que decía?
– Paciencia Ithilien, como te decía la marca era una simple cruz y debajo de dicha marca el nombre de la ciudad de Nimbregoth.
– ¿Y las líneas? – dijo la elfa pero callo de inmediato al ver la cara enfadada de Rincewind por la interrupción.
– Pues- suspiro continuando- en el idioma antiguo de los hombres ponía una frase sencilla “Abre la caja de Halkor con la llave del dragón Naurung y obtendrás el poder y el dominio sobre toda raza” – escucho un relámpago y se mantuvo callado unos segundos- Thaeron lo busco pero fue en vano, el pergamino y la llave fue pasando de generación a generación del capitán, hasta que un día fue robado sin encontrar al culpable. Se extendió el rumor durante años, hubo guerras entre razas tras la pista de alguna esperanza en encontrarlo, pero como siempre nadie lo encontró. Hasta ahí la leyenda, pero quedamos nosotros.
– ¿Nosotros? ¿Qué tenemos que ver nosotros en todo esto?
– Todo Ithilien. Al no encontrarlo los elfos de tu pueblo hicieron hace años un pacto con las demás razas, en especial con los hombres. Mantendrían sus fuerzas y todos sus medios para obtener dicha caja. Muchas de las razas se rindieron en la búsqueda, menos tu pueblo y el mío. Pero ya sabes que cualquier pacto que se haga hay sus diferencias, todo fue en vano, ahora luchamos entre nosotros para obtenerlo. Fui prisionero en un tiempo por todos lo de este barco, me alejaron de mi hogar y registraron cada rincón de mi mente buscando alguna pista, pero no obtuvieron nada de mi.
– No sabia eso. Lamento mucho el dolor que te causaron los de mi pueblo- dijo apenada Ithilien
– Tu no eres la culpable- le sonrió Rincewind- Largo tiempo estuve prisionero en este lugar hasta que me soltaron, ahora estoy al servicio del capitán, a pesar de odiar estar aquí. Pero dejemos de hablar de mi, hace unos meses se averiguo que la llave y el pergamino se encontraban en un barco que iba camino hacia Nimbregoth, ese barco era el Cirdon. Saqueamos el barco y matamos a todos los de su tripulación, pero ese día una tormenta nos pillo desprevenidos, naufragando el Cirdon. Muchos murieron pero algunos conseguimos salvarnos, de ahí encontremos a dos con vida pero malheridos, uno de ellos era Demiurgo.
– ¿Dos? Yo creía que era el único superviviente
– Y lo es, el otro fue sometido a los elfos mas sabios, sacaron los datos que quisieron y … – callo mirando a la elfa
– Lo mataron- dijo tristemente ella
– Exacto. Luego el capitán dio ordenes de parar en el Reino de Ephel, tu pueblo como ya sabes y embarcaste aquí. Una semana hace de todo esto y cuatro días desde que lo conoces, así que tenemos que sacar de aquí a Demiurgo, antes que acaben con su vida como hicieron con los demás
– ¿Y que haremos? No es fácil salir de aquí y si lo hacemos nos perseguirán.
– De eso me encargo yo. Pero antes échale un vistazo a esto.
Rincewind saco de su cuello una llave y de su bolsillo un pergamino antiguo. Ithilien se incorporo de golpe y abrió mas los ojos sorprendida
– ¡ No puede ser! ¿No me digas que son…?
– Los mismos- dijo Rincewind con una larga sonrisa en la cara- El pergamino lo encontré cuando saqueamos el barco y la llave ¿Adivina quien la llevaba colgada en su cuello?
– Pues no se… – dudo Ithilien – Algún comandante del barco o…
– No, la llevaba Demiurgo. Lo salve de que se ahogara, estaba herido y necesitaba ser curado con urgencia. Cuando vi la llave me sorprendí y decidí guardarla antes que los demás la vieran.
– Esto es demasiado – salto la elfa dando vueltas por la habitación- Me cuesta asimilar todo esto.
– Ya, mucha información de golpe, pero ya te he contando todo lo que paso antes que llegaras ¿Ves como estabas mal informada?
– ¡Uf! – dijo Ithilien llevándose las manos a su frente – Bastante
– ¡Ja, ja! – rió a carcajadas Rincewind- No te preocupes. Lo que yo deseo es volver a mi hogar, salvar a Demiurgo y encontrar de una vez la dichosa caja de Halkor con su ayuda. Que todo esto acabe, no deseo el poder de dicha caja, solo destruirla, para que se acaben las guerras entre nosotros, que vuelva la paz a nuestros reinos y poder volver con mi familia ¿No deseas tu lo mismo?
– Si que lo deseo, pero creo que Demiurgo no acceda a ayudarte.
– No lo se, si lo sacamos de aquí y consigo saber mas de cómo obtuvo la llave… puede que acceda- sonrió y se levanto del asiento- eso todavía no puedo saberlo. Es hora de irme Ithilien, mañana nos espera un largo día, veré que plan se me ocurre.

Rincewind se dirigió a la puerta guardando de nuevo el pergamino y la llave.

– Buenas noches, Ithilien
– Buenas noches, Rincewind

– El capitán… ojala volviera a ser lo que era
– El poder cambia a las personas y a él le dieron ese poder
– Lo se, bueno ¿Qué tienes pensado? Lo único que te pido es que no le hagas daño, a pesar de todo – Ithilien suspiro- lo sigo queriendo.
– Amas una ilusión, él no siente lo mismo por ti – miro a la elfa y callo al verla afligida- No le haré daño, si es lo que te preocupa, pero necesito que me ayudes si realmente deseas salvar a ese prisionero.

El hombre guardo la pipa y levantándose se quedo de pie mirando a la elfa.
– Bien ¿Aceptas entonces?
– Haré todo lo que este en mi mano, Rincewind
– De acuerdo. Nos queda dos días para llegar a Nimbregoth, si el viento y la marea nos he favorable. Antes tendrás que hablar con él y sacar toda la información que puedas.
– ¿Hablar? No confiara en mi.
– Al menos debes conseguir saber su nombre y donde es. Si es de Nimbregoth estamos perdidos, pues le sacaran la información y buscaran la maldita caja.
– Pero… ¿Qué obtiene esa caja? ¿Qué es lo que quieren?
– ¿No sabes lo que quiere tu capitán? ¿No sabes porque tu y yo estamos aquí? – rió Rincewind – Estas poco informada
– O tal vez mal informada – dijo Ithilien bruscamente
– Puede. Te lo contare a su debido tiempo, no ahora. Debo hacer unos asuntos antes, de paso, mantendré distraído al capitán – dijo alejándose un poco- Ves y habla con el prisionero, al anochecer, quédate en tu camarote, te contare todo entonces. Hasta luego Ithilien
Rincewind camino dando la espalda a la elfa, mientras sus pasos se fueron alejando por la cubierta.
*************************
– Veo que la herida se esta curando bien, eso es bueno.

Ithilien había llegado a la celda del prisionero con extremado cuidado de no ser vista. Cuatro días habían pasado desde que lo rescataron y apenas habían mantenido una larga conversación, pero había conseguido al menos la confianza de él. Era la única persona que permitía la entrada sin chillidos ni golpes, aunque ahora debía averiguar algo mas de él.
– Si, tengo mejor la herida, gracias por sanármela.
– No hace falta que me des las gracias, lo hago porque quiero
– Por lo que veo eres la única diferente a los demás –dijo él comiendo unos pedazos de pan que le había traído la elfa.
– Será porque yo no soy como ellos, además este no es mi hogar, no estoy aquí porque quiera.
– Vaya – contesto él quedándose pensativo durante un instante – entonces somos dos fuera de nuestro hogar.
– Si ya… – empezó a reírse Ithilien- eres un chico pensativo. Siempre que te he observado piensas mucho lo que vas a decir durante unos minutos.
– ¿Eso es malo?- le pregunto seriamente
– Para nada – le contesto la elfa sonriendo- es una cualidad. Yo no pienso demasiado las cosas, eso me conlleva a tener muchos errores a lo largo de mi vida. Pero cambiemos de tema ¿Ya vas recordando?
– Y tu cambias de tema cuando te conviene – se rió él- Al menos recuerdo mi nombre y de donde soy. Poco a poco me vendrá mas recuerdos a mi memoria, es cuestión de tiempo.
– Entonces no te importara decirme quien eres ¿No?
– ¿Para que quieres saberlo? No me fío de ninguno de vosotros, aunque tu seas la única diferente aquí, yo solo soy un prisionero, haréis con mi vida lo que os plazca cuando llegue el momento.
– Yo… solo necesito que confíes en mi – dijo Ithilien cogiendole sus manos- solo dime tu nombre y de donde vienes, te prometo que te sacare de aquí.
– ¿Por qué te molestas tanto en mi? Un prisionero mas en este barco – le dijo fríamente soltándose de las manos de la elfa
– Porque igual que tu quiero salir de esta jaula que me ata día y noche, porque tengo la sensación de que hay algo en ti de gran valor, no me preguntes el que, pero creo que debo ayudarte. Además estoy cansada de tanta muerte. Siento haberme metido en algo que no me incumbe, esta elfa no se piensa las cosas como tu.

Ithilien se levanto poniéndose la capa para volver a salir de la celda.
– Me llaman de muchas maneras – dijo mientras la elfa se alejaba hacia la puerta- aunque algunos me conocen como Demiurgo o Traxis, no son gran cosa, pero son los que tengo. Vengo de Nimbregoth si mi memoria no me falla ¿Mas contenta, elfa?
– Tengo suficiente – le dijo sonriente- Hasta luego, Demi
– Nos vemos, Ithilien.

Ithilien salió de la celda y lentamente, se dirigió por el largo pasillo. La tripulación del barco, andaba liada con las ordenes de algunos superiores. Algunas miradas se posaron en la elfa con desprecio, pero ella les devolvió la mirada fríamente. Llevaba mas de dos meses metida en aquel gran barco, construido por los mejores carpinteros, con la delicadeza y perfección de todo elfo de su pueblo. Ithilien amaba el mar, pero añoraba a su familia y los amigos que había dejado en tierra.
Ella, elfa del Reino de Ephel, fue criada humildemente en una familia que no poseía grandes riquezas. Había heredado la belleza de su madre, elfa sinda, de grandes ojos marrones, alta, esbelta y a la vez delicada como una flor. Pero había sacado el carácter de su padre, elfo noldo, orgullosa y soberbia, de cabellos oscuros y mirada fría a aquellos que osaban contradecirla. Paso su infancia con alegría, cumpliendo interminables años hasta llegar a la edad adulta de los de su raza. En contra de su voluntad, fue llevada a realizar aquel viaje, donde su destino estaria destinado a cambiar.
-Te estaba buscando. ¿Dónde estabas?
-En la celda de abajo, curando al prisionero.
-Idiota…. – dijo pillando del brazo con fuerza a Ithilien- un prisionero no merece ser curado.
-¡No me toques! – Levanto la voz la elfa – ¿Quién eres tu para darme ordenes? No pienso dejar que matéis a otro mas, estoy harta. ¿Lo entiendes? ¡Harta de todo esto!

El elfo azoto con fuerza la cara de la elfa. Esta cayo al suelo por el impacto y el elfo la levanto cogiendola de su brazo derecho. La puso contra la pared de espaldas a él para hacerle daño.
-Te lo dije en su día y te lo diré otra vez, pues veo que no lo recuerdas bien. Yo soy el capitán de este barco, yo mando aquí. Y por si aun no lo recuerdas – le susurraba el elfo en el oído mientras la elfa lloraba – me perteneces ¿queda claro? La próxima vez, borrare esa sonrisa de tu cara.

El elfo se marcho y subió a cubierta. Ithilien se seco las lagrimas y maldijo entre susurros. Se incorporo y marcho con paso decidido hacia la cubierta. Entre gritos y miradas, paso al otro extremo del barco, donde sentado en el filo, mirando el mar, se encontraba un hombre de cabellos castaños y grandes ojos marrones que transmitían tranquilidad. De estatura mediana, con los ojos fijos hacia el mar mientras fumaba lentamente. Ithilien se quedo de pie mirando a aquel hombre, mientras la brisa movía el vestido de la elfa. El hombre agacho la pipa y miro hacia abajo, con una sonrisa miro a la elfa fijamente.
-Vienes a hablar conmigo ¿Verdad? – la elfa asintió – Muy bien, soy todo oídos, joven elfa.
-Es sobre … – pero el hombre levanto su mano, haciéndola callar
-Tranquila, te ayudare a salvar al prisionero. Pero antes, tenemos que encargarnos del capitán.

Se fue despertando lentamente mientras sus ojos se acostumbraban a los primeros rayos de luz de un nuevo día. La marea y la lluvia había cesado y el sol resplandecía con fuerza. Intento incorporarse, pero le fue en vano, a cada movimiento que sus músculos realizaban era como puñaladas.
Se toco la herida, al menos ya no sangraba. “Si pudiera salir de aquí” pensaba una y otra vez. A pesar de intentarlo varias veces, al final desistió agotado, aun no tenia fuerzas.
De repente escucho el sonido de unos pasos al acercarse y la puerta se abrió lentamente, haciendo ese ruido al crujir. Alguien encapuchado entro dejando unos objetos en una mesa cercana.

-Buenos días. ¿Cómo te encuentras?

Se quito la capucha y enseguida reconoció el rostro y la voz. Era la elfa que la noche anterior le había curado y se había sentado tranquilo a su lado.

-Mareado, me duele todo el cuerpo, he intentado levantarme pero…
-¿Levantarte? – Pregunto alarmada la elfa- No lo vuelvas a intentar o la herida no cicatrizara. Debes recuperar fuerzas.

Él sonrió levemente mirando el techo pensativo. Estuvieron en silencio un largo rato, mientras ella le cambiaba el vendaje. Cuando acabo, Ithilien recogió las cosas de la mesa y se dirigió a la puerta.

-¡Espera! – Ella se giro y lo miro fijamente- ¿Dónde estoy? Se que tu puedes explicarme las dudas que tengo.
-No puedo, lo siento. Si me pilla, me matara . Me prohibió contarte nada.
-¿Quién? – Le pregunto él, sabiendo perfectamente de quien hablaba.
-El elfo que ayer me encerró contigo – Dijo tristemente – Él no era antes así pero… – la elfa titubeo- Da igual, olvídalo. Estas en el Reino de Ephel, exactamente rumbo en un barco hacia Nimbregoth. Tu barco naufrago en la tormenta y fuiste el único que encontremos malherido. Aun así, aquí no eres bien recibido, excepto por la información que los de mi raza quieren de ti y los de tu pueblo.
-No recuerdo nada, no se que queréis, pero yo no tengo nada. – Dijo seriamente
-Lo se, pero los elfos mas sabios poseen un poder que es capaz de leer los recuerdos y pensamientos mas profundos. Nadie a conseguido escapar de sus hechizos, los usan para poder sacar información privilegiada a sus enemigos, y tu para ellos eres uno. Pero tranquilo – Le sonrió la elfa – haré lo posible por ayudarte. Debo irme, descansa y no intentes levantarte ni escapar, pues no llegarías muy lejos.

La elfa cerro la puerta y desapareció. El joven se quedo pensativo y cerro de nuevo los ojos para descansar. Se hizo el silencio y del silencio, el vacío.



  • Ninguna
  • Mort Rainey: Si la verdad me esperaba mucho mas de esta pelicula, pero se nota que la hicieron con el unico objetivo de enlazar cabos sueltos, al igual que sucedio
  • Llum: No ta mal la crítica xD Aún no he podido ver la peli pero, conforme hicieron la quinta (Harry Potter y la Orden del Fénix), es de esperar que ir
  • elfaithilien: Teniamos una historia las dos? O_O ahora si que me has dejao de piedra Pues si la tienes guardada, por mi la seguimos, yo ya la habia olvidado, dio

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