La Tierra de la Luna

Vivencias campesinas en la Lorca de Alfonso XIII y… sigue

Posted on: julio 16, 2009

Vivencias campesinas en la Lorca de Alfonso XIII y… sigue

Autor:

Lucas Guirao López- Carrasco, nace en la diputación rural de Aguaderas (Lorca) en 27 de septiembre de 1903.

Lejos de escuelas y con ínfimos medios de supervivencia, cultiva la pobre y sedienta tierra mientras sueña y trabaja duro.

Ve realizados, al fin, sus deseos de estudiar, de hacer cosas más útiles y de escribir, finalmente, tres interesantes libros- éste es el último, como reportajes de su larga singladura- y, sobre todo, anima sin proponérselo, a los que hemos seguido y tratado de imitar su ejemplar trayectoria. Gracias, Lucas.

¿ De que trata?

Este libro nos explica las diferentes formas que vivían la gente de Lorca en los tiempos de Alfonso XIII. Como eran los obreros, la educación de los hijos, la higiene, la medicina, los bailes, el matrimonio, los señores, la iglesia….También podemos encontrar una parte de este libro, sobre los trovadores lorquianos y algunas personas que fueron importantes o tenian algo especial que todo el mundo conocia. Son un ejemplos Julián Mateos Marín, Juan López Guirao “El Frasquitón”, Rafael Martínez Cánovas “El negro” entre otros…

Por último encontraremos articulos periodisticos que el autor publicó, agradecimiento, conclusiones, conferencia y despedida del autor.

Yo me quedo con la conferencia que dio en Barcelona, el 22 de septiembre de 1988. El autor, después de terminar sus estudios, vino a vivir a Barcelona y en esta conferencia habla sobre la relacion de Murcia y Cataluña.

Dice asi…

“Señor Presidente, Señores Vicepresidentes y demás componentes de esta Casa, a la que me encuentro  doblemente obligado y agradecido por su meritoria labor, en primer lugar, y por haber sido recientemente tan amablemente honrado como Socio de Honor de la misma.

Señoras y Señores: Gracias, pues a todos, en fin, por la grata oportunidad que me dispensan al permitirme que, en ocasión de nuestras anuales fiestas, les dirija la palabra. Por supuesto, voy a intentarlo confiando que su amabilidad supla, una vez más, mis seguras deficiencias. Esta vez, como aprendiz de conferenciante.

Aclárese que si ustedes esperan una conferencia de altura, no la van a tener aunque me ponga de pie, y aunque mi voz no sea precisamente de bajo. Por otra parte, ya se ve que no se leer. Y me temo que, ni escribir.

A este respecto, me permito recordar- por si sirve de descargo- que hoy afronto mi segundo ensayo de conferenciante. El primero fue en Lorca, mi pueblo. No había asistido hasta entonces a ninguna conferencia y he aquí que , a la primera, hube de hacerlo como protagonista. Y así salieron las cosas. Había preparado concienzudamente un amplio texto – no se asusten, eso fue entonces- y al ser invitado, inmediatamente antes de mi intervención, a referirme elogiosamente a ciertos personajes de la situación y, rompiendo los apuntes, dije varias cosas de las mías, algunas de las cuales, por impertinentes, aún recuerdan mis amigos. Los no amigos las olvidaron seguramente enseguida. Fue una forma, eso es cierto, de perder los papeles.

Pero hoy es otra cosa. Aquí todos somos amigos.

Repito la experiencia y me toca hablar nada más y nada menos que de “Murcia y de Cataluña, aspectos de sus relaciones históricas y anecdóticas”. Ahí es nada.

Mi intento, ya tomando la cosa en serio, tiene que ser forzosamente divulgador, a base de datos, inexperta y rápidamente complicados; pues los inéditos, los que precisan de una docta y previa investigación, esos no están todavía a mi alcance, más por falta de tiempo, eso sí, que de interés. Ya veremos que pasa en el futuro.

Por de pronto, hablar de Murcia, aunque sea citando sólo un poco de su pasado, de su presente y de su presumible futuro, equivaldría a llenar libros – otros ya los han llenado- y eso… sin hacerse concesiones a la particular bola de cristal. Lo de Cataluña es todavía más extenso y difícil. Y en cuanto a relaciones entre sus gentes: coincidencias, malos entendidos, identificaciones, fusiones, etc… Figúrense si habrá tela para cortar.

Es por ello por lo que me limitaré a citar, superficialmente, de la prehistoria, la historia de sus ciencias auxiliares, las pocas referencias que considere ineludibles, para la mejor compresión de esta charla, y me extenderé, procurando no hacerme pesado- que ya sería un éxito- en aquellas ejemplares coincidencias del pasado que, desde un presente esperanzador, nos acercan aún más, si cabe, a esa ilusionada conjunción y entendimiento mutuo, que la experiencia aconseja y las formidables tecnologías posibilitan cada vez más.

Hay un pasado casi común es esta península, apéndice de Europa. Pues casi fueron, en todo su territorio, los mismos pobladores, casi las mismas evoluciones y luchas y las… mismas necesidades de arrimarse al hombro unos a otros.

Yo diría que casi como sucede ahora.

Nos invadieron en distintas épocas por el Mediterráneo, por los Pirineos y por el norte de África. Eso es digno de saberse, pero a mi modesto juicio es más importante examinar cómo lo están haciendo ahora y cómo lo harán, presumiblemente, en el futuro.

Los que iban llegando y los que llegan ahora lo hacían, y lo hacen, por necesidad, por ambición de más bienes, por más seguridad y, en algunos casos, por adquirir más conocimientos u otras satisfacciones. Antes se llamaban de otra manera. Hoy los denominados exiliados, inversionistas, traficantes, turistas y, en algunos casos, investigadores.

Antes eran generalmente pueblos conquistadores o que huían, y que empleaban, para atacar o defenderse, la armas y medios a su alcance. Lo más fuertes y hábiles se erigían en caudillos, mandamases o reyes, hasta que otra avalancha, a veces de la misma estirpe, irrumpía disputando el privilegio y los bienes. Hoy se hace lo mismo, pero con otros nombres y otras justificaciones.

Los del paleolítico y los del neolítico, utilizando piedras o metales como signos aparentes de civilizada identidad, no eran, en el fondo, diferentes a los ideólogos y estadistas que sobre un estado o una agrupación de ellos, luchan actualmente por hegemonía o por necesidad. Los medios, claro, son ahora más y más sofisticados.

Cabe pensar como lo harían en realidad, los íberos y, al  parecer, después, los griegos, fenicios, romanos, bárbaros e islàmicos.

Nuestra Península era como un culo de saco, en que iban mezclándose todos, tras variadas y cruentas luchas. Las treguas, más que para reponerse, se utilizaban para estudiar mejor al enemigo (y al amigo) y, si convenía, unirse a uno de ellos para atacar o defenderse de un tercero.

En consecuencias, individuos, familias, clanes, condanos, regiones, reinos, y estados, cultivaban un patriotismo, a veces fanático, y a la larga suicida, cuyas principales identidades eran:

a) Saberse y proclamar la propia superioridad sobre los otros. Pero como los demás pensaban igual de si mismos, solía surgir el problema.

b) Había que acrecerse, prepararse, mantener civismo, localismo, regionalismo, nacionalismo o doctrinarismo, justificando, hasta lo injustificable, en el campo de batalla, en el económico, religioso, político, etc. Y

c) Cuando las cosas fuesen o pudiesen ir de  mal a peor, había que pactar, regatear, transigir o … fastidiarse. En este caso, el sentimiento oscilaba entre el odio y la compresión, y duraba, generalmente, según las entendederas del afectado.

Piensen lo que, en el fondo, hemos evolucionado. ¿No existen hoy, desde peleas en cualquier barrio, a fundamentalismos que ponen en serio peligro a toda la humanidad?

Todos saben que he vivido personalmente muchos avatares, como varios de ustedes, y que al haber tenido noticia, directa, de varios episodios anecdóticos e, incluso, históricos, estoy obligado a referirme a casos y circunstancias que justifiquen el título de esta conferencia.

Murcia, como la que más, ha sido receptora de unos pueblos, repudiadota de otros y parcialmente asimiladora de casi todos. También ha sido cuna en todo tiempo de grandes personalidades que han brillado dentro y fuera.

Sus luchas internas, y con sus vecinos, las sucesivas variaciones de su perímetro, aparte de otras circunstancias, la han configurado como presa codiciable, seguramente por su situación y clima, y por sus naturales riquezas mineras y agrícolas- ganaderas. Y en este aspecto, pese a su contínuo proceso de desertización. Pues las lluvias, casi siempre escasas, y a veces arrolladoras, han determinado, en consecuencia, que sus hijos de las ingenien sacándole el mejor partido posible a la tierra y, muchas veces; acogiendo agradecidos, pero dignamente, a todos los que, buenamente, se han acercado a ella. Desde lejos se aprecia que, además, cuando los murcianos, por la causa que sea, salen de su tierra, se comportan, por lo general, con lealtad, seriedad y eficacia.

En cuanto a generosidad, responden a aquella leyenda referida a la madre murciana que amamanta a un niño, mientras que otro de la misma edad, llora tirándole de la falda. El desatendido era el hijo propio, y el favorecido un extraño que ella creía más necesitado.

Sin embargo, a las malas, también los murcianos han tenido siempre su corazoncito.

Como lorquino emigrante en Cataluña, me ha tocado pulsar teclas en varios conciertos sociales en que he tenido que desenvolverme. La guerra, la entonces difícil lucha por la vida y mis inquietudes empresariales, jurídicas e intelectuales, me obligan hoy ante ustedes, ya lo sé, a decir, por lo menos, algo que resulte interesante acerca de esta tierra en relación con el murciano, en general, y con el lorquino en particular.

Hasta hace unos años el desconocimiento natural entre murcianos y catalanes era casi total y, desde luego, recíproco.

Allí se conocían, por el gran público, al viajante de comercio, parlanchín y poco más. Se sabía de una conflictiva región española que no se conformaba, en algunos de sus sectores, con seguir siéndolo. Era rica, diferente y al parecer miraba por sobre el hombro a los demás de la Península. En fin, no quería ser española. Quería ser Estado, aduciendo propio lenguaje, glorias pasadas, así como sensibles mutilaciones de derechos. En consecuencia cuando dos o más catalanes hablaban, no se les entendía. Si de allí volvía algún inmigrado, lo hacía generalmente, marcado: Paro, despido, jaleos sindicales o con la justicia, etc. Y lo que era peor, volvía engolado y chuleando un poco como resultado de una pretensión y de una visión generalmente elemental, parcial y deformada. Todo lo cual dificultaba, aún más, el que por esta vía se pudiese llegar al conocimiento real de Cataluña y de los catalanes. No se sabía ni se comprendía que aquella presunta suficiencia de Cataluña tenía una razón de ser, como , en su caso, y circunstancialmente, la legítima pretensión y orgullo de ser murciano, o lorquino, o albacetense, o manchego.

Los catalanes, como nosotros, tenían unos variados antepasados difíciles de identificar. Como nosotros, arrastran vestigios de varias razas y cicatrices habidas en guerras generalmente no deseadas. Su carácter era diferenciado por su situación geográfica, su clima, su laboriosidad obligada y alguna que otra vejación. Curiosamente tampoco se tenía en cuenta que nuestra incorporación a Castilla y, en cierto modo, el cambio de cultura, fue un regalo que hizo su Rey, Jaime el Conquistador, a nuestro Alfonso X, también conquistador, pero tenido por… más sabio.

Por mi repetido origen lorquino, puedo referirme más documentadamente a estas relaciones interregionales, que en los últimos cincuenta años he vivido intensamente, pues quizá sea Lorca la que por sus prolongadas sequías, ha tenido eventualmente que ver emigrar hacia aquí más hijos, sobre todo cuanto sus crisis coincidían con notables aumentos de la actividad en Cataluña, y muy especialmente en Barcelona y su entorno: Las exposiciones, los metros, obras de infraestructura, auge industrial, etc.

Por cierto que la primera obra pública catalana importante, genuinamente española, la escollera del puerto de Barcelona, fue proyectada y realizada con técnica y capital mitad catalán y mitad murciano. El ingeniero y capitalista murciano, de apellido, precisamente, Lorca, se integró totalmente en esta tierra, en donde uno de sus dos hijos médicos, Antonio Lorca Ruiz, fue después un eminente ginecólogo, catalán.

Y cito este detalle para recordar a algunos que no todos hemos venido aquí con blusica y esparteñas. Y lo apunto así mismo en honor de aquella, también mal conocida tierra, por los catalanes. Estos y los ya nacidos aquí, por inercia y espíritu más emprendedor y decidido; individualistas, pero cooperadores cuando conviene; supieron y saben siempre atraer individualidades, técnicas y capital de otras regiones, o del extranjero, y así destacaron y destacan adelantándose ciertamente al resto de España: Ferrocarril, electrificaciones, gas , autopistas, etc. A este respecto he de apuntar, de pasada, pues ya volveré sobre el particular más extensamente con otra ocasión, que el separatismo, seriamente considerado, prácticamente no existe. Pues son residuos fanáticos sectoriales derivador de sentimientos súper nacionalistas, pero que ceden ante una mayoría de catalanes, nacionalistas en cuanto guardadores de las esencias de su tierra, pero por lo general, prácticos y preparados, y que, por sus experiencias y perspectivas, están ya por encima de funestas, aunque explicables, disquisiciones. Ellos miran lo conveniente de dentro y de fuera de las fronteras y lo conectan, prácticamente, como y con quienes les conviene.

Ejemplos recientes los tenemos en su relación con todo el mundo, y hasta con la propia Lorca. Allí llegaron catalanes, como los Sala Just, los Bertrán, etc. Que con otro bagaje, otro talante, otros ánimos y otra voluntad, no sólo se integraron en Lorca, sino que mezclaron familias, crearon riqueza y, por si esto fuese poco, nos dieron lecciones de sano lorquinismo… y descendientes lorquinos, orgullosos de serlo.

A Cataluña, entre tanto, habían llegado infinidad de murcianos que descollando en todos los terrenos, o simplemente como ejemplares ciudadanos, han realizado, y están realizando, una callada y eficaz labor, cuya brillante crónica se escribirá un día para honra y satisfacción de todos.

Así pues, cada pueblo de Murcia, de Albacete y seguramente de toda España, tiene aquí hijos y afectos que les liga de  alguna manera a esta tierra, cuyos habitantes por ser, recíprocamente sensibles, los acojen, estiman y hace suyos con todas las consecuencias. ¿Qué pueden suponer entonces, los bulliciosos y generalmente iluminados jovenzuelos separatistas, ni los ignorantes sensibilizados y bobalicones “separadores” del resto de España?

Esto lo veo tan claro y con tanta seguridad que, para no cansar más su atención con estas generalidades, les invito a que, en forma coloquial, comentemos aspectos puntuales aquí sugeridos y que, en interés principalmente de algunas señoras, hemos de procurar que no lleguen a la categoría de un somnífero rollo.
Gracias a todos y que sean realidad nuestros mejores deseos.

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  • Mort Rainey: Si la verdad me esperaba mucho mas de esta pelicula, pero se nota que la hicieron con el unico objetivo de enlazar cabos sueltos, al igual que sucedio
  • Llum: No ta mal la crítica xD Aún no he podido ver la peli pero, conforme hicieron la quinta (Harry Potter y la Orden del Fénix), es de esperar que ir
  • elfaithilien: Teniamos una historia las dos? O_O ahora si que me has dejao de piedra Pues si la tienes guardada, por mi la seguimos, yo ya la habia olvidado, dio

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