La Tierra de la Luna

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La distancia

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Yo pensaba que la distancia era estar muy lejos

Yo pensaba que la distancia era sentirse lejos

Yo pensaba que la distancia eran muchos años

Yo pensaba que la distancia era mucho camino por recorrer

Yo pensaba, yo pensaba, yo pensaba…

Pero he aprendido que la distancia no existe,

Comprendo ya que estar lejos no es real

Comprendo ya que los años no son distancia

Que el tiempo y el recorrido no es más que el sentir

Que el sentir puede abarcar cualquier longitud

Y que los caminos pueden recorrerse sin dar más que un paso

Un paso que se convierte en el deseo

En la necesidad y la compañía de alguien

Y al final entiendo que la distancia no es más

que simplemente el deseo de volver a estar contigo.

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El sol se alzaba en el horizonte llegando así a un nuevo día, el viento del oeste soplaba con fuerza en los rostros de la tripulación. Rincewind escuchaba el sonido de las olas y como el viento movía con furia las velas del barco, más allá del sol, podía divisar con sus ojos, la ciudad de Nimbregoth.

– El viento nos he favorable, llegaremos antes de lo previsto ¿Preparaste el prisionero para el desembarco?
– Iba hacerlo ahora mi capitán – Le dijo Rincewind mirando el horizonte.
– Pues no pierdas mas el tiempo. Cuando desembarquemos lo mantendrás vigilado sin quitarle la vista de encima y lo llevaras donde yo te mande ¿Lo has entendido?
– Si, sin problemas capitán – se giro para marcharse – con su permiso voy a prepararlo.
– Ves y otra cosa Rincewind – dijo el capitán antes que se alejara- dile a Ithilien que venga a mi presencia
– Entendido

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– ¿ Pero que haces? ¿Te has vuelto loca?
– Eso hace años que lo estoy- le contesto la elfa, lanzando la ropa y ayudando a Demiurgo a vestirse.
– Puedo solo ¿Lo sabias? – dijo malhumorado mientras intentaba meterse la manga de la camisa- ¡Arg, mierda de brazo!
– Si, ya veo como puedes solo, con la herida sin sanar aun. Date prisa debes vestirte con estas ropas, salir de aquí y con mucho cuidado integrarte en la tripulación cuando el barco desembarque
– Claro, muy fácil ¿Y luego que narices hago?

Ithilien saco de su bolsillo un mapa de la ciudad de Nimbregoth que Rincewind le había prestado, lo abrió y empezó a señalarle a Demiurgo una serie de instrucciones.

– Presta atención. Cuando la tripulación desembarque y una vez descargada las provisiones del barco, suelen reunirse en una posada, allí es donde se alojan, esta en el centro de la ciudad. Tu síguelos, cuando llegues, dirígete al posadero, dile que vas de parte de Rincewind, es bastante conocido según me dijo. Supongo que no tendrán problemas y te alojaran en una de las habitaciones, una vez allí, no salgas para nada hasta que te busquemos ¿lo entiendes?
– ¿Y tu?
– Yo me haré pasar por ti
– ¿Por mi? Acaso no puedes acompañarme o, ese amigo tuyo.
– No, él me llevara con el rostro tapado y atada, me pasare por ti y me llevaran ante ellos para juzgarme. Supongo que antes que pase todo eso habré escapado, tranquilo
– ¿Cómo estas tan segura de que todo saldrá a la perfección?
– No lo se. Tu eres listo, llegaras a la posada. A malas, Rincewind te ayudara a escapar y yo seré juzgada por ayudar a un prisionero. El daño que me causen, no será ni la mitad del sufrimiento de mi pueblo. Venga ponte la capa, vestido así pareces un autentico elfo, solo te falta las orejas – dijo riendo
– Que maja llegas a ser a veces. No le veo la gracia, odio los elfos- miro de reojo a Ithilien- algunos de ellos.
– Espero no estar incluida en los que no te gustan.

La puerta de la celda se abrió y entro Rincewind. Deprisa y corriendo volvió a cerrar la puerta.

– ¿Preparados?
– Si, Demiurgo ya esta preparado. Y yo con sus ropas, que me vienen algo…
– Pequeñas si, creo que tu estatura es un poco más superior que Demiurgo, pero puede pasar. En cambio él… – Rincewind se quedo mirando al chico
– Di una sola palabra y te tragas la ropa. Los elfos son muy altos, podrías haberme dado ropa tuya.
– No pasarías desapercibido entre los elfos, yo no me llevo sus mismos trajes. Basta de hablar, Ithilien venga.

Rincewind ato a la elfa con la cadena y le oculto el rostro. Abrió la puerta y arrastro a Ithilien al exterior.

– Sal dentro de unos minutos – le dijo Rincewind a Demiurgo – la puerta estará abierta, sigue el pasillo recto, no corras camina con normalidad, cuando este se acabe cruza a la derecha, allí estará la tripulación preparando las provisiones, entra y intenta parecerte a ellos en todos lo posible, luego haz las indicaciones que Ithilien te dijo. Me reuniré contigo en cuanto pueda.

A Demiurgo el corazón le latía con fuerza, el silencio era sepulcral y espero unos minutos con el miedo al ser descubierto. Abrió la puerta y mirando a ambos lados para asegurarme que no había nadie, salió de la celda con cautela. El pasillo era largo y estrecho, así que camino con pasos ligeros, cada vez que daba un paso le resultaba cada vez mas largo e inacabable. Empezó a respirar con fuerza, empezaba a cansarse. Escucho sonidos de voces y estruendo de pasos. El pasillo se acababa, cruzo a la derecha y allí ante sus ojos, se encontraba la tripulación liados con las provisiones. Agacho el rostro y adentrándose poco a poco llego al grupo, los observo y los imito cargando una caja, no demasiado pesada. Allí siguió al grupo, ocultando siempre su rostro con la caja que cargaba. Se escuchó gritos y una luz le cegó la vista durante unos segundos, desembarcando fuera del barco, habían llegado a Nimbregoth.


Cinco minutos pasaban de la medianoche todos dormían en sus respectivas habitaciones, se respiraba tranquilidad dentro del barco después de un día agitado y pesado para la tripulación. Rincewind se encontraba sentado ojeando unos mapas mientras escuchaba a lo lejos el sonido de unos relámpagos “Esta noche habrá tormenta, me espera una noche movidita”. Se asomo a la ventana de su camarote, empezaba a ver marea y el aire soplaba con intensidad. Se levanto y guardo el mapa en un armario que tenia a su derecha mientras abría el ultimo cajón de dicho armario. Extrajo un pergamino que guardo con extremo cuidado en su bolsillo y una llave cuya forma era una espada con dos dragones a los lados que se colgó al cuello. Entonces abrió la puerta y mirando a cada lado, asegurándose que todos seguían durmiendo, decidió dirigirse hacia la habitación de la elfa. Cruzo el pasillo y subió unas escaleras donde enseguida encontró la habitación. Después de golpear dos veces, Ithilien no tardo en abrir y le invito a pasar, mientras cerraba la puerta y Rincewind tomaba asiento.

– ¿Adivinaste algo? – le pregunto él poniéndose cómodo
– Se llama Demiurgo y es Nimbregoth. Recuerdo que dijiste que si era de allí estábamos perdidos ¿por qué?
– Eso es parte de la historia que debo contarte. Pero ponte cómoda es largo de explicar.
Ithilien se acomodo en una butaca cercana.
– Bien- dijo la elfa una vez sentada- soy todo oídos.
– Cuenta la leyenda- comenzó Rincewind- que un gran barco viajo hace años por los mares de Ephel, ese barco se llamaba Dalïe y estaba tripulado por diferentes razas del reino, ya sabes elfos, enanos, faunos, hombres… y así todos los que conoces. Se cuenta que su capitán, llamado Thaeron, un hombre valiente que provenía de las Tierras del Norte. Un día encontró en unos de sus viajes a tierras lejanas una llave y un pergamino. En ese pergamino, que era una especie de mapa antiguo, contenía una marca sencilla y explicita, al pie de dicho papel unas líneas grabadas en un idioma antiguo.
– ¿Qué era lo que decía?
– Paciencia Ithilien, como te decía la marca era una simple cruz y debajo de dicha marca el nombre de la ciudad de Nimbregoth.
– ¿Y las líneas? – dijo la elfa pero callo de inmediato al ver la cara enfadada de Rincewind por la interrupción.
– Pues- suspiro continuando- en el idioma antiguo de los hombres ponía una frase sencilla “Abre la caja de Halkor con la llave del dragón Naurung y obtendrás el poder y el dominio sobre toda raza” – escucho un relámpago y se mantuvo callado unos segundos- Thaeron lo busco pero fue en vano, el pergamino y la llave fue pasando de generación a generación del capitán, hasta que un día fue robado sin encontrar al culpable. Se extendió el rumor durante años, hubo guerras entre razas tras la pista de alguna esperanza en encontrarlo, pero como siempre nadie lo encontró. Hasta ahí la leyenda, pero quedamos nosotros.
– ¿Nosotros? ¿Qué tenemos que ver nosotros en todo esto?
– Todo Ithilien. Al no encontrarlo los elfos de tu pueblo hicieron hace años un pacto con las demás razas, en especial con los hombres. Mantendrían sus fuerzas y todos sus medios para obtener dicha caja. Muchas de las razas se rindieron en la búsqueda, menos tu pueblo y el mío. Pero ya sabes que cualquier pacto que se haga hay sus diferencias, todo fue en vano, ahora luchamos entre nosotros para obtenerlo. Fui prisionero en un tiempo por todos lo de este barco, me alejaron de mi hogar y registraron cada rincón de mi mente buscando alguna pista, pero no obtuvieron nada de mi.
– No sabia eso. Lamento mucho el dolor que te causaron los de mi pueblo- dijo apenada Ithilien
– Tu no eres la culpable- le sonrió Rincewind- Largo tiempo estuve prisionero en este lugar hasta que me soltaron, ahora estoy al servicio del capitán, a pesar de odiar estar aquí. Pero dejemos de hablar de mi, hace unos meses se averiguo que la llave y el pergamino se encontraban en un barco que iba camino hacia Nimbregoth, ese barco era el Cirdon. Saqueamos el barco y matamos a todos los de su tripulación, pero ese día una tormenta nos pillo desprevenidos, naufragando el Cirdon. Muchos murieron pero algunos conseguimos salvarnos, de ahí encontremos a dos con vida pero malheridos, uno de ellos era Demiurgo.
– ¿Dos? Yo creía que era el único superviviente
– Y lo es, el otro fue sometido a los elfos mas sabios, sacaron los datos que quisieron y … – callo mirando a la elfa
– Lo mataron- dijo tristemente ella
– Exacto. Luego el capitán dio ordenes de parar en el Reino de Ephel, tu pueblo como ya sabes y embarcaste aquí. Una semana hace de todo esto y cuatro días desde que lo conoces, así que tenemos que sacar de aquí a Demiurgo, antes que acaben con su vida como hicieron con los demás
– ¿Y que haremos? No es fácil salir de aquí y si lo hacemos nos perseguirán.
– De eso me encargo yo. Pero antes échale un vistazo a esto.
Rincewind saco de su cuello una llave y de su bolsillo un pergamino antiguo. Ithilien se incorporo de golpe y abrió mas los ojos sorprendida
– ¡ No puede ser! ¿No me digas que son…?
– Los mismos- dijo Rincewind con una larga sonrisa en la cara- El pergamino lo encontré cuando saqueamos el barco y la llave ¿Adivina quien la llevaba colgada en su cuello?
– Pues no se… – dudo Ithilien – Algún comandante del barco o…
– No, la llevaba Demiurgo. Lo salve de que se ahogara, estaba herido y necesitaba ser curado con urgencia. Cuando vi la llave me sorprendí y decidí guardarla antes que los demás la vieran.
– Esto es demasiado – salto la elfa dando vueltas por la habitación- Me cuesta asimilar todo esto.
– Ya, mucha información de golpe, pero ya te he contando todo lo que paso antes que llegaras ¿Ves como estabas mal informada?
– ¡Uf! – dijo Ithilien llevándose las manos a su frente – Bastante
– ¡Ja, ja! – rió a carcajadas Rincewind- No te preocupes. Lo que yo deseo es volver a mi hogar, salvar a Demiurgo y encontrar de una vez la dichosa caja de Halkor con su ayuda. Que todo esto acabe, no deseo el poder de dicha caja, solo destruirla, para que se acaben las guerras entre nosotros, que vuelva la paz a nuestros reinos y poder volver con mi familia ¿No deseas tu lo mismo?
– Si que lo deseo, pero creo que Demiurgo no acceda a ayudarte.
– No lo se, si lo sacamos de aquí y consigo saber mas de cómo obtuvo la llave… puede que acceda- sonrió y se levanto del asiento- eso todavía no puedo saberlo. Es hora de irme Ithilien, mañana nos espera un largo día, veré que plan se me ocurre.

Rincewind se dirigió a la puerta guardando de nuevo el pergamino y la llave.

– Buenas noches, Ithilien
– Buenas noches, Rincewind

– El capitán… ojala volviera a ser lo que era
– El poder cambia a las personas y a él le dieron ese poder
– Lo se, bueno ¿Qué tienes pensado? Lo único que te pido es que no le hagas daño, a pesar de todo – Ithilien suspiro- lo sigo queriendo.
– Amas una ilusión, él no siente lo mismo por ti – miro a la elfa y callo al verla afligida- No le haré daño, si es lo que te preocupa, pero necesito que me ayudes si realmente deseas salvar a ese prisionero.

El hombre guardo la pipa y levantándose se quedo de pie mirando a la elfa.
– Bien ¿Aceptas entonces?
– Haré todo lo que este en mi mano, Rincewind
– De acuerdo. Nos queda dos días para llegar a Nimbregoth, si el viento y la marea nos he favorable. Antes tendrás que hablar con él y sacar toda la información que puedas.
– ¿Hablar? No confiara en mi.
– Al menos debes conseguir saber su nombre y donde es. Si es de Nimbregoth estamos perdidos, pues le sacaran la información y buscaran la maldita caja.
– Pero… ¿Qué obtiene esa caja? ¿Qué es lo que quieren?
– ¿No sabes lo que quiere tu capitán? ¿No sabes porque tu y yo estamos aquí? – rió Rincewind – Estas poco informada
– O tal vez mal informada – dijo Ithilien bruscamente
– Puede. Te lo contare a su debido tiempo, no ahora. Debo hacer unos asuntos antes, de paso, mantendré distraído al capitán – dijo alejándose un poco- Ves y habla con el prisionero, al anochecer, quédate en tu camarote, te contare todo entonces. Hasta luego Ithilien
Rincewind camino dando la espalda a la elfa, mientras sus pasos se fueron alejando por la cubierta.
*************************
– Veo que la herida se esta curando bien, eso es bueno.

Ithilien había llegado a la celda del prisionero con extremado cuidado de no ser vista. Cuatro días habían pasado desde que lo rescataron y apenas habían mantenido una larga conversación, pero había conseguido al menos la confianza de él. Era la única persona que permitía la entrada sin chillidos ni golpes, aunque ahora debía averiguar algo mas de él.
– Si, tengo mejor la herida, gracias por sanármela.
– No hace falta que me des las gracias, lo hago porque quiero
– Por lo que veo eres la única diferente a los demás –dijo él comiendo unos pedazos de pan que le había traído la elfa.
– Será porque yo no soy como ellos, además este no es mi hogar, no estoy aquí porque quiera.
– Vaya – contesto él quedándose pensativo durante un instante – entonces somos dos fuera de nuestro hogar.
– Si ya… – empezó a reírse Ithilien- eres un chico pensativo. Siempre que te he observado piensas mucho lo que vas a decir durante unos minutos.
– ¿Eso es malo?- le pregunto seriamente
– Para nada – le contesto la elfa sonriendo- es una cualidad. Yo no pienso demasiado las cosas, eso me conlleva a tener muchos errores a lo largo de mi vida. Pero cambiemos de tema ¿Ya vas recordando?
– Y tu cambias de tema cuando te conviene – se rió él- Al menos recuerdo mi nombre y de donde soy. Poco a poco me vendrá mas recuerdos a mi memoria, es cuestión de tiempo.
– Entonces no te importara decirme quien eres ¿No?
– ¿Para que quieres saberlo? No me fío de ninguno de vosotros, aunque tu seas la única diferente aquí, yo solo soy un prisionero, haréis con mi vida lo que os plazca cuando llegue el momento.
– Yo… solo necesito que confíes en mi – dijo Ithilien cogiendole sus manos- solo dime tu nombre y de donde vienes, te prometo que te sacare de aquí.
– ¿Por qué te molestas tanto en mi? Un prisionero mas en este barco – le dijo fríamente soltándose de las manos de la elfa
– Porque igual que tu quiero salir de esta jaula que me ata día y noche, porque tengo la sensación de que hay algo en ti de gran valor, no me preguntes el que, pero creo que debo ayudarte. Además estoy cansada de tanta muerte. Siento haberme metido en algo que no me incumbe, esta elfa no se piensa las cosas como tu.

Ithilien se levanto poniéndose la capa para volver a salir de la celda.
– Me llaman de muchas maneras – dijo mientras la elfa se alejaba hacia la puerta- aunque algunos me conocen como Demiurgo o Traxis, no son gran cosa, pero son los que tengo. Vengo de Nimbregoth si mi memoria no me falla ¿Mas contenta, elfa?
– Tengo suficiente – le dijo sonriente- Hasta luego, Demi
– Nos vemos, Ithilien.

Ithilien salió de la celda y lentamente, se dirigió por el largo pasillo. La tripulación del barco, andaba liada con las ordenes de algunos superiores. Algunas miradas se posaron en la elfa con desprecio, pero ella les devolvió la mirada fríamente. Llevaba mas de dos meses metida en aquel gran barco, construido por los mejores carpinteros, con la delicadeza y perfección de todo elfo de su pueblo. Ithilien amaba el mar, pero añoraba a su familia y los amigos que había dejado en tierra.
Ella, elfa del Reino de Ephel, fue criada humildemente en una familia que no poseía grandes riquezas. Había heredado la belleza de su madre, elfa sinda, de grandes ojos marrones, alta, esbelta y a la vez delicada como una flor. Pero había sacado el carácter de su padre, elfo noldo, orgullosa y soberbia, de cabellos oscuros y mirada fría a aquellos que osaban contradecirla. Paso su infancia con alegría, cumpliendo interminables años hasta llegar a la edad adulta de los de su raza. En contra de su voluntad, fue llevada a realizar aquel viaje, donde su destino estaria destinado a cambiar.
-Te estaba buscando. ¿Dónde estabas?
-En la celda de abajo, curando al prisionero.
-Idiota…. – dijo pillando del brazo con fuerza a Ithilien- un prisionero no merece ser curado.
-¡No me toques! – Levanto la voz la elfa – ¿Quién eres tu para darme ordenes? No pienso dejar que matéis a otro mas, estoy harta. ¿Lo entiendes? ¡Harta de todo esto!

El elfo azoto con fuerza la cara de la elfa. Esta cayo al suelo por el impacto y el elfo la levanto cogiendola de su brazo derecho. La puso contra la pared de espaldas a él para hacerle daño.
-Te lo dije en su día y te lo diré otra vez, pues veo que no lo recuerdas bien. Yo soy el capitán de este barco, yo mando aquí. Y por si aun no lo recuerdas – le susurraba el elfo en el oído mientras la elfa lloraba – me perteneces ¿queda claro? La próxima vez, borrare esa sonrisa de tu cara.

El elfo se marcho y subió a cubierta. Ithilien se seco las lagrimas y maldijo entre susurros. Se incorporo y marcho con paso decidido hacia la cubierta. Entre gritos y miradas, paso al otro extremo del barco, donde sentado en el filo, mirando el mar, se encontraba un hombre de cabellos castaños y grandes ojos marrones que transmitían tranquilidad. De estatura mediana, con los ojos fijos hacia el mar mientras fumaba lentamente. Ithilien se quedo de pie mirando a aquel hombre, mientras la brisa movía el vestido de la elfa. El hombre agacho la pipa y miro hacia abajo, con una sonrisa miro a la elfa fijamente.
-Vienes a hablar conmigo ¿Verdad? – la elfa asintió – Muy bien, soy todo oídos, joven elfa.
-Es sobre … – pero el hombre levanto su mano, haciéndola callar
-Tranquila, te ayudare a salvar al prisionero. Pero antes, tenemos que encargarnos del capitán.

Se fue despertando lentamente mientras sus ojos se acostumbraban a los primeros rayos de luz de un nuevo día. La marea y la lluvia había cesado y el sol resplandecía con fuerza. Intento incorporarse, pero le fue en vano, a cada movimiento que sus músculos realizaban era como puñaladas.
Se toco la herida, al menos ya no sangraba. “Si pudiera salir de aquí” pensaba una y otra vez. A pesar de intentarlo varias veces, al final desistió agotado, aun no tenia fuerzas.
De repente escucho el sonido de unos pasos al acercarse y la puerta se abrió lentamente, haciendo ese ruido al crujir. Alguien encapuchado entro dejando unos objetos en una mesa cercana.

-Buenos días. ¿Cómo te encuentras?

Se quito la capucha y enseguida reconoció el rostro y la voz. Era la elfa que la noche anterior le había curado y se había sentado tranquilo a su lado.

-Mareado, me duele todo el cuerpo, he intentado levantarme pero…
-¿Levantarte? – Pregunto alarmada la elfa- No lo vuelvas a intentar o la herida no cicatrizara. Debes recuperar fuerzas.

Él sonrió levemente mirando el techo pensativo. Estuvieron en silencio un largo rato, mientras ella le cambiaba el vendaje. Cuando acabo, Ithilien recogió las cosas de la mesa y se dirigió a la puerta.

-¡Espera! – Ella se giro y lo miro fijamente- ¿Dónde estoy? Se que tu puedes explicarme las dudas que tengo.
-No puedo, lo siento. Si me pilla, me matara . Me prohibió contarte nada.
-¿Quién? – Le pregunto él, sabiendo perfectamente de quien hablaba.
-El elfo que ayer me encerró contigo – Dijo tristemente – Él no era antes así pero… – la elfa titubeo- Da igual, olvídalo. Estas en el Reino de Ephel, exactamente rumbo en un barco hacia Nimbregoth. Tu barco naufrago en la tormenta y fuiste el único que encontremos malherido. Aun así, aquí no eres bien recibido, excepto por la información que los de mi raza quieren de ti y los de tu pueblo.
-No recuerdo nada, no se que queréis, pero yo no tengo nada. – Dijo seriamente
-Lo se, pero los elfos mas sabios poseen un poder que es capaz de leer los recuerdos y pensamientos mas profundos. Nadie a conseguido escapar de sus hechizos, los usan para poder sacar información privilegiada a sus enemigos, y tu para ellos eres uno. Pero tranquilo – Le sonrió la elfa – haré lo posible por ayudarte. Debo irme, descansa y no intentes levantarte ni escapar, pues no llegarías muy lejos.

La elfa cerro la puerta y desapareció. El joven se quedo pensativo y cerro de nuevo los ojos para descansar. Se hizo el silencio y del silencio, el vacío.

Miraba largamente el techo de madera húmeda. No sabía cuanto tiempo había pasado desde que lo recogieron y lo pusieron en ese cuarto, que olía a mar encerrado en cuatro paredes.

Tampoco sabía cuánto más podría aguantar así.

Miró de nuevo su costado: cada vez sangraba más, tiñendo sus rasgadas vestiduras con un cruel tono carmesí. Le dolía tanto. Ya no podía apartar la mano de su herida, aunque esta parecía sólo provocarle más dolor.
Apenas si se movía; hasta respirar, parpadear, recordar, era doloroso. En todas partes veía el mar, su blanca embarcación…
Afuera, las olas seguían furiosas rompiéndose contra los peñascos y las paredes rocosas de ese lugar, que parecía una especie de fortaleza; era una noche muy oscura, sin brillo de luna.

Entonces la puerta de la habitación, hinchada por la humedad, se abrió torpemente. Un corpulento elfo, de piel oscura y curtida, con el cabello rizado y una barba espesa, entró, estruendosamente, casi golpeando la suela de sus botas en la madera.

-¿Todavía no te levantas?-

Él sólo dio un gemido lastimero. Tanto dolor degeneraba en odio y el odio lo conducía aun torbellino de delirios y tormentas. El calor de su sangre corría por su mano y poco a poco lo empapaba.

-Tendré que curarte eso. Y no quiero gritos ni quejas. Quita esa mano-

Dijo el elfo al momento que se sentaba en el borde de la cama y quitaba la mano pálida y helada del joven. Abrió el bolso de cuero que llevaba y de un pequeño saco extrajo un polvo blanco y granuloso. Desgarró las ropas del joven y justo en la herida dejó caer los granos.

Fue tanto el dolor, que la voz se le ahogó por dentro…

-Eso es todo ¿ves que no necesitabas gritar? Ahora, dime tu nombre-

El joven se revolvía entre las mantas que habían acomodado para él, con una expresión de furia y sufrimiento. Con la fuerza de una mano, arrojó el bolso de cuero del elfo.

-¿Estas enojado, eh? En un momento se te pasará- dijo el rudo elfo y soltó un sonoro revés en el rostro dolorido del joven. Se levantó, malencarado y se fue azotando la puerta.

¿Qué había pasado?¿Dónde estaba? No podía responder ninguna de esas preguntas. En ese momento sólo quiso morir y dejar de lado todo el daño que llevaba consigo. Bajo la luz mortecina de una vela, podía mirar su herida, la carne viva ardiendo y quemando.

Escuchó voces a lo lejos.

-¡¿Pero yo qué haré con él?! ¡No hagas esto, por favor! ¡Yo no puedo…-

-¡¡A callar!! Ya sabrás tú que harás… ¡y si muere te espera una paliza que jamás olvidarás!-

-¡No, por favor!-

Entonces la puerta de nuevo se abrió: observó a una elfa que habia sido empujada hacia la habitación por el mismo elfo de antes y la puerta cerrarse con violencia. La chica golpeaba la puerta, pidiendo por favor que no la dejasen ahí. Él no comprendía nada, sólo observaba figuras borrosas y voces y gritos que venían del ayer y se negaban a esfumarse.

La elfa dejó de llamar al cabo de un rato y se quedó sentada tras la puerta, en silencio. Se limpió las lágrimas de desesperación de hace un rato y, tímidamente, se levantó y fue hacia él: era una elfa joven, de ojos grandes y marrones y el rostro algo pálido. Su sonrisa era cálida y triste a la vez. Bajo la cofia que llevaba, se asomaban algunos mechones de cabello castaño, casi rubio.

-Hola…está bien si no quieres hablar… yo soy Ithilien- dijo tímida, mientras se sentaba junto a él –Déjame ver eso-. Tomó la mano del joven, la cual tapaba la herida, y suavemente la retiró.

-Hay que limpiarte… y luego ponerte unos vendajes para que eso sane…- la elfa dejó de ver su herida y miró su rostro; parecía sorprendida –Nunca había visto unos ojos como estos…- dijo al mirar los ojos del joven, azules como el cielo y pasó una mano por la mejilla de este.

Ithilien mojó un paño en un balde de agua y con mucho cuidado limpió la herida del joven, quien ahora no pudo contener su dolor y gemía lastimosamente

-Calma…todo está bien- dijo ella y tomó su mano. Sintió una corriente cálida, primero en sus dedos, que iba subiendo poco a poco hasta su cabeza y entonces, por un instante, se sintió tranquilo. Dejó de gritar y se dejó vendar el lastimado torso.

-g…gracias…-dijo él, casi en un susurro, que aún con el ruido de la lluvia, como una percusión violenta sobre el techo, Ithilien pudo escuchar.



  • Ninguna
  • Mort Rainey: Si la verdad me esperaba mucho mas de esta pelicula, pero se nota que la hicieron con el unico objetivo de enlazar cabos sueltos, al igual que sucedio
  • Llum: No ta mal la crítica xD Aún no he podido ver la peli pero, conforme hicieron la quinta (Harry Potter y la Orden del Fénix), es de esperar que ir
  • elfaithilien: Teniamos una historia las dos? O_O ahora si que me has dejao de piedra Pues si la tienes guardada, por mi la seguimos, yo ya la habia olvidado, dio

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